jueves, 17 de enero de 2013

Un día conocí a Carlos Montemayor.

Por
Gustavo Urquiza Valdez (Escritor digital oriundo de Hidalgo del Parral, Chihuahua, México).
"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V, monarca aragonés de hace cientos de años.


 Al momento de comenzar a escribir este artículo acerca del Maestro Carlos Montemayor, no daba con un título que según mis pretensiones definiera la figura de este irrepetible ser humano.
Se me ocurrió el de ciudadano del Mundo. Mas lo consideré muy topificado y recurrente.
Al Maestro Carlos le conocí en el Dos Mil Dos, cuando el licenciado en Letras Españolas Antonio Franco Aguilera, también parralense y aficionado a la música culta, me lo presentó.
Montemayor me expuso algunas tesis de la narrativa de su obra, en especial la de su novela cumbre, ¨Guerra en el Paraíso ¨. En ese entonces yo era un joven con una carrera truncada de literatura hispana.
Don Carlos fue hombre de letras, de libros, traductor, activista social. Escribir de él precisaría de una tonelada de tinta. Me confió anécdotas de su vida que recopilé en un cuaderno de notas que mantengo celosamente guardado bajo llave, al igual que dos o tres cartas que me mandó alguna vez.
Me sorprendió su serenidad, su memoria, la fluidez y lo entendible de su léxico. Su manera de caminar, siempre con la frente erguida.
Nació en los años cuarenta, murió en el Dos Mil Diez, mientras me encontraba en la Sierra Chihuahuense como profesor de Educación Indígena, dando clases a tarahumaras y tepehuanos, dos pueblos a quienes él defendió a capa y espada. Su estudio acerca de la Nación Tarahumara, se considera como el ensayo etnográfico más completo acerca de estos habitantes genuinos de nuestra entidad. Al recibir la noticia sentí que la melancolía embargaba mi salón de clases, pero luego recordé su amor por nuestros pueblos autóctonos y con más alegría seguí impartiendo la asignatura de Historia.
Amaba la música, el arte. El día que lo conocí me relató cómo hacía unos días había impartido una cátedra en la Sorbona, universidad francesa. El tema era la vida y obra literaria de Alfonso Reyes. El salón de actos fue abarrotado de estudiantes franceses y de todas las nacionalidades.
Ese día brindamos con vino tinto en la casa de Héctor Arras, finado historiador de esta ciudad antaño Real de Minas. Dominaba varios idiomas y hasta lenguas indígenas de México. Tradujo a los textos clásicos griegos y latinos.
Pero sobre todo era Humanista. Peleó por las causas de los grupos vulnerables de una manera titánica e incansable: pueblos indígenas, discapacitados, diversidad de orientaciones sexuales.

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